viernes, 11 de mayo de 2012


Si Saulo no hubiese estado allí, Esteban no habría orado por él; Agustín dice, en una frase que es citada siempre en cada comentario sobre el Libro de Hechos que he visto: “Si Esteban no hubiese orado, Pablo no hubiera predicado nunca.” Pero la oración de Esteban: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”, fue una súplica tan amplia por sus asesinos, que muy bien puedo concebir que fijó su mirada llorosa en ese joven llamado Saulo, y que en sus pensamientos le incluyó en esa petición, suplicando al Señor que no le tomara en cuenta eso; y el Señor no le tomó en cuenta eso, “porque” –dijo- “lo hice por ignorancia, en incredulidad.” 

Creo que fue bueno que Saulo estuviera allí, y algunas veces he pensado, al escuchar que alguien jura en la calle, “Eso es algo terrible; pero si no lo hubiese hecho, probablemente yo no habría orado por él.” Una de mis reglas es orar por un hombre cuando lo escucho jurar, y así, de esa manera, Dios puede extraer un bien del mal. Siempre que ustedes, que aman al Señor, vean  u oigan a alguien haciendo algo que sea malo, asegúrense de orar, pues es así como hemos de ser “la sal de la tierra”. La sal ha de ponerse siempre allí donde la putridez comienza. Esa es la manera como hemos de ser “la luz del mundo”. Hay que hacer uso de las lámparas cuando llega la oscuridad; no las necesitamos sino hasta que el sol se ha ido, y llega la oscuridad. Así que, cuando perciban la oscuridad, enciendan sus velas; cuando perciban la putrefacción, esparzan la sal llevando al pecador delante de Dios en oración.

Pero hay también algo más que esto. Si Saulo no hubiese estado allí, se habría perdido del beneficio del discurso de Esteban; y el sermón de Esteban es el texto en el que Pablo se basó para predicar toda su vida. Si lo examinan cuidadosamente, descubrirán que la disertación de Esteban es la raíz de la cual, por medio de la bendición del Espíritu de Dios, medra la teología de Pablo. Esteban le da la pista de todo ese argumento de la Epístola a los Romanos acerca de Sara y Agar; y toda esa discusión acerca del padre Abraham que fue justificado por la fe, está allí en el discurso de Esteban. Y la Epístola a los Hebreos es otra planta que crece de la semilla que Esteban sembró en la mente de Saulo; hay varias frases que son idénticas. Yo pienso que la razón por la que tenemos ese discurso de Esteban, registrado de manera tan íntegra, es que Pablo viajó con Lucas, quien escribió los Hechos de los Apóstoles, y Pablo le contó a Lucas lo que Esteban había dicho, pues parece que llegó directo a su alma, y se quedó albergado allí. Debe de haber sido así, pues moldeó todas sus Epístolas, y pueden trazar la influencia de Esteban en cada rollo sobre el que Pablo puso su pluma. 
C. H. Spurgeon - Esteban y Saulo

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