sábado, 21 de marzo de 2009

Cartas desde el sufrimiento - No.22

Menton, 7 de Febrero (año desconocido)

Mis amados amigos:

Después de gozar de unas cuantas noches de reposo y días de sosiego, me siento en franca recuperación, y mi corazón rebosa alabanzas y acciones de gracias para con nuestro Dios clemente. Las oraciones de ustedes han sido incesantes y han prevalecido y yo estoy muy agradecido con todos ustedes. En tanto que pueda hacerlo, será mi gozo servirles, y mi única aflicción ha sido que la enfermedad debilita mis poderes y me incapacita para desempeñar mis dichosos deberes entre ustedes. El puesto que ocupo requiere de un hombre en sus mejores condiciones, y últimamente yo he estado lejos de ser ese hombre. Sin embargo, sabemos Quién es el que da fortaleza al desfallecido y, por eso, confiamos que esos débiles esfuerzos no hayan sido ineficaces.

Estaré doblemente endeudado para con la bondad de nuestro Señor, si el resto de mi descanso confirma la beneficiosa labor que ha comenzado. He tenido miedo de que mi mente me falle. Ese miedo ha desaparecido ahora, pero no podría decir cómo me sentiría si siguiera mi agenda completa de inmediato. Espero que el reposo adicional me fortalezca para el futuro.

Todavía no he tenido noticias sobre los servicios especiales, pero espero que cada miembro esté trabajando para que sean un éxito. Oren por los servicios especiales, hablen de ellos, asistan a ellos, lleven a otros a esos servicios. Nuestros dos evangelistas son los instrumentos apropiados, pero se necesita de una mano que trabaje junto a ellos. Invoquen a Aquel a quien pertenece esa mano, y Él obrará según Su beneplácito. Los tiempos son tales que las iglesias que sostienen las antiguas verdades tienen necesidad de ser activas y llenas de energía para que el poder del Evangelio pueda ser hecho manifiesto a todos. Necesitamos levantar el estandarte por causa de la verdad. Una iglesia tan numerosa como la nuestra puede lograr grandes cosas por el poder del Espíritu Santo, y para ello basta que seamos enteramente denodados una vez. Jugar a la religión es algo calamitoso: tiene que ser todo o nada.

La paz y un abundante amor sean con todos ustedes.

Su amigo de todo corazón

C. H. Spurgeon
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