martes, 24 de junio de 2014

Orar no es fácil

Usualmente me siento más insatisfecho con mis oraciones que con cualquier otra cosa que hago.
C. H. Spurgeon. Volumen 1.

miércoles, 11 de junio de 2014

¿Qué llevó a Moisés a actuar como lo hizo?

3.   ¿Qué llevó a Moisés a actuar como lo hizo?

La razón de su inusual comportamiento era su fe. Moisés rehusó todo lo que rehusó y eligió todo lo que eligió porque creía en Dios. Dios había revelado a Moisés que en el futuro distante iba a nacer un Salvador de la nación israelita, y que la primera parte del proceso conducente a eso iba a suceder ahora, por medio de él. Moisés creyó lo que Dios había dicho.

a) Moisés creyó que Dios guardaría sus promesas, y que haría exactamente como había dicho.

b) Creyó que nada era imposible para Dios. La razón humana podría decir que la liberación de los israelitas no iba a suceder nunca. Pero su fe le decía a Moisés que Dios podía hacer que sucediera.

c) Moisés creyó que Dios lo sabe todo. La razón humana podría decirle que era un tonto por desechar todas las ventajas que tenía, por dejar la corte de Faraón, pero, por fe, Moisés entendió que si Dios señalaba un cierto camino, entonces ese camino era el mejor.

d) Moisés creía que Dios es misericordioso. La razón humana podría sugerir que Dios podía hacer más fácil la vida para los israelitas, pero la fe le decía a Moisés que Dios es un Dios de amor, y que no le daría a su pueblo ni una gota de amargura más allá de lo que fuera necesario.

e) Su fe le ayudó a entender la verdadera situación en la que estaba el pueblo. Él sabía que la grandeza en la sociedad humana es algo temporal. Él sabía que había una recompensa en el cielo para el creyente obediente, mucho más valiosa que las riquezas de Egipto. Él sabía que las tribulaciones y el sufrimiento podían ser el medio de entrenar a los creyentes en la vida espiritual. Él sabía que los israelitas eran de hecho el pueblo de la elección de Dios.

¿Y no tenía razón al creer lo que creía? El nombre de la hija de Faraón ha perecido; la ciudad del palacio de Faraón es desconocida; los tesoros de Egipto se esfumaron, pero el nombre de Moisés es conocido todavía en todas partes donde se lee la Biblia. ¡Él es un gran ejemplo del hecho de que todo aquel que vive por fe es bendito! 
J. C. Ryle - Aspectos de la Santidad

  







Seis palabras



Es mejor decir seis palabras en el poder del Espíritu Santo, que predicar setenta años de sermones sin el Espíritu.
C. H. Spurgeon – Vol. 32, página 487.

martes, 10 de junio de 2014

Algo terriblemente fácil

Es algo terriblemente fácil ser un ministro del Evangelio y un vil hipócrita al mismo tiempo.
C. H. Spurgeon – Vol. 52

sábado, 31 de mayo de 2014

Un destierro inapropiado

Si pudiéramos desterrar de este mundo el dolor y la enfermedad, pudiera ser que le estuviéramos robando a la justicia dos de sus más impresionantes evangelistas.
C. H. Spurgeon – sermón #1101 – vol. 19

miércoles, 28 de mayo de 2014

Lo que Moisés eligió

2.   Lo que Moisés escogió

a) Él escogió el sufrimiento y la aflicción. Él optó por su propio pueblo, un pueblo que era víctima de la esclavitud y de la persecución, para el que no parecía haber ninguna posibilidad de liberación de la servidumbre egipcia y para quien la probabilidad de obtener una patria parecía más allá de toda posibilidad.

Nosotros rehuimos naturalmente el dolor y evitamos el sufrimiento si podemos. ¡Pero he aquí un varón que, aunque semejante a nosotros, elige en realidad la aflicción!

b) Él eligió la compañía de un pueblo despreciado. Abandonó la sociedad de los grandes y de los sabios, y se identificó con esclavos y obreros. Vio a un pueblo despreciado y escogió su compañía antes que la de la gente más noble de la tierra.

c) Él escogió el vituperio y el escarnio. Piensen en el ridículo que Moisés tuvo que soportar al retirarse de la corte de Faraón para unirse a los israelitas. Hay pocas cosas que nos parecen tan difíciles de soportar como el ridículo y el escarnio. Sin embargo, he aquí un varón que no rehuyó esa prueba.

Y guarden en mente que Moisés no era una persona débil o sin educación, ni que estaba obligado a hacer esa elección. Lo que él hizo lo hizo libre y voluntariamente. ¡Ciertamente esto hace que sus elecciones sean tan notables como sus rechazos!
J. C. Ryle - Aspectos de la Santidad  





jueves, 15 de mayo de 2014

El gozo del pecado perdonado

Tal vez el gozo del pecado perdonado nunca se destaca más brillantemente que en el lecho de un moribundo. Con frecuencia he tenido el privilegio de comprobar el poder de la religión cuando he estado junto al lecho de personas moribundas. Hay una joven mujer que está ahora en el cielo y que una vez fue miembro de esta nuestra iglesia. Yo fui a verla con uno de mis amados diáconos cuando su partida estaba muy cercana. Sufría la última etapa de la tisis. Se miraba hermosa y dulcemente bella, y creo que nunca oí tales sílabas como las que caían de los labios de esa muchacha. Había tenido decepciones, y pruebas, y problemas, pero de todo ello no tenía que decir ni una sola palabra, excepto que bendecía a Dios por ello; la habían llevado más cerca del Salvador. Y cuando le preguntamos si no tenía miedo de morir, “No” –respondió- “lo único que temo es esto: tengo miedo de vivir, no sea que mi paciencia se agote. Todavía no he dicho ni una palabra de impaciencia, señor, y espero no hacerlo. Es triste estar tan débil, pero pienso que si me tocara decidir preferiría estar aquí que gozando de salud, pues es algo muy precioso para mí; yo sé que mi Redentor vive, y estoy esperando el momento cuando Él envíe su carro de fuego para llevarme con Él”. Yo le hice la pregunta: “¿Tienes alguna duda?” “No, ninguna, señor, ¿por qué habría de tenerla? Yo sujeto mis brazos alrededor del cuello de Cristo”. “Y ¿no tienes ningún miedo por tus pecados?” “No, señor, todos han sido perdonados; yo confío en la sangre preciosa del Salvador”. “¿Y crees que seguirás siendo tan valiente como ahora cuando llegue efectivamente el momento de tu muerte?” “No señor, si Él me dejara, pero Él nunca me dejará, pues ha dicho: ‘No te desampararé, ni te dejaré’”. Ahí tienen a la fe, queridos hermanos y hermanas; que todos la tengamos y recibamos el perdón de los pecados según las riquezas de Su gracia.  
C. H. Spurgeon - El Tesoro de la Gracia , Sermón #295