El pastor Joseph W. Harrald, conocido familiarmente como ‘el escudero’, fue secretario privado de Spurgeon durante muchos años, y uno de sus amigos más cercanos y fiables. Se dedicó a ayudarle en su obra. Durante la larga enfermedad de Charles en el año de 1891, se ocupó de hacer que las cosas siguieran caminando. Tenía a su cargo responder el inmenso volumen de correspondencia, además de la administración diaria, y la publicación semanal del sermón y de otras obras literarias, entre otras cosas. Durante muchos años acompañó a Spurgeon a Menton.
Previamente había pastoreado una iglesia en Shoreham durante varios años, y posteriormente otra iglesia en Thornton Heath, pero renunció al ministerio pastoral para apoyar enteramente a Spurgeon. Predicó en lugar del famoso predicador en diversas ocasiones y además dirigía los servicios que tenían lugar en el salón de conferencias del Tabernáculo, los domingos por la tarde.
viernes, 12 de junio de 2009
miércoles, 10 de junio de 2009
Las admoniciones del Espíritu Santo
Se cuenta la historia (y algunos de nosotros podríamos contar muchas historias igualmente impactantes) de un cierto individuo que, una noche, fue motivado a tomar su caballo del establo, y a cabalgar unos diez o doce kilómetros de distancia, hasta una cierta casa en la que vivía una persona a quien nunca había visto. Llegó allí a altas horas de la noche, tocó a la puerta, y le abrió el señor de la casa, quien parecía encontrarse sumido en una gran confusión de mente.
El visitante nocturno le dijo: “Amigo, he sido enviado a ti, no sé por qué razón, pero seguramente el Señor tiene alguna razón para haberme enviado a ti. ¿Hay algo peculiar acerca de tus circunstancias?”
El hombre, pasmado, le pidió que le acompañara, subieron, y allí arriba le mostró una jáquima atada a una viga. Estaba sujetándose la cuerda alrededor del cuello, para suicidarse, en el preciso instante en que un llamado resonó a la puerta, y decidió bajar y responder a la llamada, para después regresar y matarse; pero el amigo, a quien Dios había enviado, habló con él, logró tranquilizarlo, y le ayudó en la dificultad pecuniaria que le avergonzaba, y el hombre vivió y fue un cristiano honorable.
Yo declaro solemnemente que a mí me han guiado admoniciones igualmente poderosas, y sus resultados han sido notables para mí, de cualquier manera. En su mayoría, estos son secretos entre Dios y mi propia alma, y no estoy ansioso de romper el sello y contárselos a otros. Hay muchos cerdos a nuestro alrededor como para ser generosos con nuestras perlas. Si fuéramos obedientes a tales impulsos, aunque no salváramos a los suicidas, podríamos salvar almas, y podríamos ser, a menudo, en las manos de Dios, como ángeles enviados del cielo: pero somos como el caballo y la mula, que no tienen entendimiento, cuya boca ha de ser controlada con el freno y la brida; no somos lo suficientemente tiernos para ser sensibles a la influencia divina cuando nos llega, y así el Señor no se agrada en hablarnos a muchos de nosotros de esta manera tan frecuentemente como lo desearíamos. Sin embargo, es cierto que “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios”, independientemente de cómo los guíe, “éstos son hijos de Dios.”
Tomado del sermón no.1220, La guía del Espíritu, la marca secreta de los hijos de Dios, de Charles Haddon Spurgeon.
El visitante nocturno le dijo: “Amigo, he sido enviado a ti, no sé por qué razón, pero seguramente el Señor tiene alguna razón para haberme enviado a ti. ¿Hay algo peculiar acerca de tus circunstancias?”
El hombre, pasmado, le pidió que le acompañara, subieron, y allí arriba le mostró una jáquima atada a una viga. Estaba sujetándose la cuerda alrededor del cuello, para suicidarse, en el preciso instante en que un llamado resonó a la puerta, y decidió bajar y responder a la llamada, para después regresar y matarse; pero el amigo, a quien Dios había enviado, habló con él, logró tranquilizarlo, y le ayudó en la dificultad pecuniaria que le avergonzaba, y el hombre vivió y fue un cristiano honorable.
Yo declaro solemnemente que a mí me han guiado admoniciones igualmente poderosas, y sus resultados han sido notables para mí, de cualquier manera. En su mayoría, estos son secretos entre Dios y mi propia alma, y no estoy ansioso de romper el sello y contárselos a otros. Hay muchos cerdos a nuestro alrededor como para ser generosos con nuestras perlas. Si fuéramos obedientes a tales impulsos, aunque no salváramos a los suicidas, podríamos salvar almas, y podríamos ser, a menudo, en las manos de Dios, como ángeles enviados del cielo: pero somos como el caballo y la mula, que no tienen entendimiento, cuya boca ha de ser controlada con el freno y la brida; no somos lo suficientemente tiernos para ser sensibles a la influencia divina cuando nos llega, y así el Señor no se agrada en hablarnos a muchos de nosotros de esta manera tan frecuentemente como lo desearíamos. Sin embargo, es cierto que “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios”, independientemente de cómo los guíe, “éstos son hijos de Dios.”
Tomado del sermón no.1220, La guía del Espíritu, la marca secreta de los hijos de Dios, de Charles Haddon Spurgeon.
domingo, 7 de junio de 2009
¿Han sido ustedes conducidos a la verdad?
Amados, ninguna mentira proviene de la verdad, y nadie que reciba una mentira, ha sido guiado a esa mentira por el Espíritu de Dios, diga lo que diga. Por otro lado, la verdad es como una recámara cerrada para el hombre no regenerado; podría leer el índice de lo que está contenido en la preciosa bodega, pero no puede entrar al aposento secreto: hay Uno que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra; y la llave con la que abre es el poder del Espíritu Santo. Cuando Él abre una doctrina para que un hombre la aprenda, ese hombre la aprende correctamente, y nunca podría conocerla de otra manera. Podrías asistir a una universidad y sentarte a los pies del más erudito Gamaliel del presente día, pero no podrías conocer nunca, con tu corazón, la verdad, a menos que el Espíritu Santo te la enseñe. Nosotros no conocemos nunca una verdad en todo su poder mientras no sea grabada con fuego en nuestra alma, como con un hierro candente, mediante una experiencia de su poder, o mientras no sea grabada como sobre bronce por medio de la revelación mística del Espíritu. Únicamente el Espíritu puede entretejer la verdad con el corazón, y hacerla parte y porción de nosotros mismos, de tal forma que está en nosotros y nosotros estamos en ella.
¿Han sido conducidos ustedes de esta manera a la verdad? Si es así, denle la gloria a Dios, pues el Espíritu certifica de esta manera su adopción.
Tomado del excelente sermón no.1220, La Guía del Espíritu - la marca secreta de los hijos de Dios, predicado por don Charles Haddon Spurgeon en el cada vez más lejano siglo 19. Sin embargo, cuando las palabras de un predicador tienen el sello del Espíritu Santo, permanecen extrañamente vivas.
¿Han sido conducidos ustedes de esta manera a la verdad? Si es así, denle la gloria a Dios, pues el Espíritu certifica de esta manera su adopción.
Tomado del excelente sermón no.1220, La Guía del Espíritu - la marca secreta de los hijos de Dios, predicado por don Charles Haddon Spurgeon en el cada vez más lejano siglo 19. Sin embargo, cuando las palabras de un predicador tienen el sello del Espíritu Santo, permanecen extrañamente vivas.
martes, 2 de junio de 2009
¡Señor, sálvame!
Cuando uno de nuestros queridos amigos, que recientemente se fue al cielo, se encontraba muy enfermo, uno de sus hijos oró con él. Comenzó de una manera muy formal: “Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra y Creador nuestro”, pero el enfermo le detuvo y le dijo: “mi querido muchacho, yo soy un pobre pecador, y necesito la misericordia de Dios; di: “¡Señor, sálvale!” El moribundo necesitaba que su hijo fuera al grano, y yo me identifico con él; pues, con frecuencia, cuando algunos de nuestros amados hermanos se han encontrado orando aquí, y se han andado con rodeos, yo habría deseado que fueran al grano, y que pidieran por aquello que realmente necesitaban. Han seguido dando vueltas alrededor de la casa, en vez de tocar la puerta y tratar de entrar. La oración de Pedro nos muestra cómo ir directo al corazón del asunto: “¡Señor, sálvame!”
C. H. Spurgeon, sermón no.3186, La Oración más breve de Pedro: "¡Señor, sálvame!"
C. H. Spurgeon, sermón no.3186, La Oración más breve de Pedro: "¡Señor, sálvame!"
lunes, 1 de junio de 2009
Una exhortación apropiada
Los exhorto a cultivar el hábito de orar con brevedad durante todo el día. Ya les he comentado anteriormente acerca del puritano que, en un debate, fue visto tomando notas, y cuando fueron examinadas posteriormente, se descubrió que no había nada en el papel, excepto estas palabras: “¡Más luz, Señor! ¡Más luz, Señor! ¡Más luz, Señor!” Necesitaba luz sobre el tema bajo discusión, y, por tanto, se la pedía al Señor, y esa es la manera de orar. Tú puedes orar durante el día: “Señor, dame más gracia. Señor, sujeta mi temperamento. ¡Dime, oh Dios mío, qué he de hacer en este caso! Señor, dirígeme. Señor, sálvame.” Oren de esta manera, y estarán imitando el buen ejemplo de brevedad en la oración que nuestro texto coloca ante ustedes.
C. H. Spurgeon. Sermón no.3186, La Oración más breve de Pedro: "¡Señor, sálvame!"
C. H. Spurgeon. Sermón no.3186, La Oración más breve de Pedro: "¡Señor, sálvame!"
Unos cuantos sabios consejos
Queridos amigos, cuando estén orando, ya sea en público o en privado, recuerden que no tienen necesidad de enseñar al Señor un sistema de teología; Él sabe mucho más acerca de eso, que ustedes. No tienen ninguna necesidad de explicarle al Señor toda la experiencia que un cristiano debe tener, pues Él lo sabe mucho mejor que ustedes. Y no hay necesidad de volver a repetir siempre las diversas agencias, e instituciones, y estaciones de misiones. Díganle al Señor lo que esté en su corazón tan brevemente como sea posible, y poder así dejar tiempo y oportunidad para que otras personas hagan lo mismo.
C. H. Spurgeon, sermón no. 3186, La Oración más breve de Pedro: "¡Señor, sálvame!"
C. H. Spurgeon, sermón no. 3186, La Oración más breve de Pedro: "¡Señor, sálvame!"
La ocupación y la oración
Nosotros podemos orar a Dios mientras estemos involucrados en cualquier ocupación, siempre que sea legítima; y, si no lo es, no deberíamos estar involucrados en ella. Si hubiera algo que hacemos sobre lo que no podamos orar, no deberíamos atrevernos nunca a hacerlo de nuevo; y, si hay alguna ocupación en relación a la cual tenemos que decir: “no podríamos orar mientras estemos involucrados en ella”, es claro que la ocupación es indebida.
C. H. Spurgeon, sermón no.3186, La Oración más breve de Pedro: "¡Señor, sálvame!"
C. H. Spurgeon, sermón no.3186, La Oración más breve de Pedro: "¡Señor, sálvame!"
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